Ínsula romana
Una ínsula es un tipo de vivienda romana (insulae en latín) cuya traducción es “isla” ya que este tipo de edificio estaba rodeado por calles, y era el equivalente a las manzanas actuales.
Estos edificios estaban formados por 3 ó 5 plantas por lo que solucionaba el problema de espacio en las ciudades populosas, muy habituales en la ciudad de Roma. Hay casos excepcionales como la Ínsula de Fenicles que llegó a tener once plantas.
Estaban construidas en adobe y madera materiales muy débiles que no soportaban grandes alturas. Por esto se hicieron habituales los hundimientos y la propagación de fuegos (por la madera). Éstos incendios abarcaban grandes espacios. Para dar solución a los hundimientos las ínsulas fueron evolucionando a edificios de ladrillo cocido y concreto. Eran de planta cuadrada con balcones y ventanas sin vidrio, que durante el invierno eran tapiadas con madera para evitar el paso del frio. La gran mayoría de las insulas carecían de agua potable y baños, lo que obligaba a la gente a acudir a baños públicos y fuentes en el mejor de los caso. Normalmente tiraban los deshechos y residuos directamente por las ventanas durante el invierno o las noches.
Estos edificios comunitarios, tenían en los primeros pisos tiendas, tabernae o a otras actividades económicas, tiendas, artesanos, etc…. y en los superiores, apartamentos de varios tamaños.


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